EDITORIAL Las declaraciones del profesor de la asignatura de
Ciudadanía publicadas ayer por Levante-EMV, sumadas a la de la docente de inglés
apercibida de sanción en el Instituto Altaia de Altea son las muestras más
palpables de que la situación con la asignatura se está convirtiendo en
insostenible y se le está yendo de las manos a la Conselleria de Educación
El miedo de los profesores a los expedientes, los inspectores en las clases para
controlar el idioma en el que se imparte la materia, la perplejidad de los
alumnos y el malestar de los padres no parecen los ingredientes más adecuados
para cocinar una enseñanza seria. Las diferencias políticas o ideológicas entre
los partidos socialista y popular se deberían mantener lejos del espacio de las
aulas, sobre todo teniendo en cuenta que el sistema educativo, en general, no
pasa por su mejor momento. Si la capacitación de los alumnos en lengua inglesa
no es la adecuada o la acorde con el nivel de enseñanza en el que se encuentran,
empeñarse en impartir la asignatura en dicho idioma constituye un problema
grave, que no se ha de resolver demostrando quién tiene la autoridad, sino con
sentido común y sin crear más tensiones de las que ya existen. Dos semanas
después de iniciarse las clases en Secundaria, la polémica creada con la
asignatura de Educación para la Ciudadanía, lejos de remitir, se está enconando.
Y aún falta la respuesta de los tribunales.